Ruta de San Miguel a Castil De Cabras


Este sendero es una derivación del GR desde San Miguel de Valero hasta el lugar denominado Castil de Cabras. Es un recorrido de ida y vuelta por el mismo camino hasta San Miguel, lo que hace una total de 20 Km. de longitud. El tramo tiene una accesibilidad total en gran parte del recorrido pero con especiales dificultades en el último tramo para personas con movilidad reducida. Este tramo cuenta con un enlace, a 5 Km de San Miguel, con la "Ruta de las Quilamas" que pertenece a la Red de Senderos del Sistema Central y recorre varios municipios de la parte norte de esta Sierra, en proceso de declaración como Espacio Natural Protegido, por lo que nos podemos encontrar restricciones de acceso en épocas de nidificación de la colonia de buitres y de cigüeña negra que habitan en la zona.

El trayecto se inicia en la parte alta del pueblo, a la derecha del Ayuntamiento sale una calle que nos lleva a una gran explanada donde se encuentra el antiguo albergue de campamentos y colonias. Desde allí contemplamos una impresionante vista del Valle de Quilamas, con el pueblo de Valero en el fondo. Desde esta explanada sale una pista con huertos a ambos lados, se ven chopos, eucaliptos y un pinar, al que nos dirigiremos. Llegado a un cruce, seguimos de frente la señalización de la Ruta, atravesando el pinar, podemos ver a lo lejos por donde sigue el camino subiendo la montaña, una pista reciente que sigue el itinerario antiguo del Camino de Castil de cabras.

LA RECUPERACIÓN DEL ECOSISTEMA

En él nos encontramos especies características del matorral mediterráneo. La proliferación de jaras, brezos y escobas en toda la ladera de la montaña es síntoma de que el ecosistema se encuentra en proceso de recuperación tras diferentes incendios forestales sufridos por estas laderas en las últimas décadas. El riesgo de incendio en esta zona es muy alto en épocas estivales, por lo que os importante que el caminante y viajero sea muy cauteloso y tome muy en cuenta las recomendaciones de la ruta que hacemos al respeto. Por otra parte la sensibilidad del ecosistema y de algunas especies de aves en peligro de extinción, requiere un aporte de especial respeto por nuestra parte, manteniendo los diferentes elementos culturales y naturales tal y como están, sin romper el equilibrio que durante siglos se ha mantenido intacto.

En la primera curva se ve un antiguo camino a la izquierda, que nos lleva a la zona de los Huertos de San Juan, las vistas desde ahí abarcan todos los montes circundantes de la Sierra de Francia y de la de Béjar. Los mapas denominan el lugar como Cruz de San Juan ya que afectivamente se sitúa en el cruce de dos antiguos caminos de herradura de gran importancia en épocas pretéritas: el que unía la villa de Monleón con Valero y el ramal de la Calzada y Cañada de la Plata que pasando por el puente de Rando comunicaba Béjar con Tamales. Estas condiciones hicieron posible que en la Edad Media se situara allí una ermita y un poblado. El crecimiento de la aldea de San Miguel de Valero favoreció el despoblamiento de San Juan y con ello, la ruina de la ermita.

Más adelante, ya en la quinta curva, hay un conjunto de piedras de las que mana agua y unas vistas del pueblo de San Miguel y del Valle de Quilamas. Después de unos metros se comienza a divisar el Pico del Porrejón al frente y el Hueco a la derecha que comunica con la zona de La Honfría, donde la "Ruta de las Quilamas". Esta última recorre la cara norte de esta Sierra, desde Monleón hasta la Peña de Francia.

Desde el pastizal de El Hueco podemos visualizar una impresionante vista del Campo Charro y de las dehesas de Entrecierras por un lado y por el otro, los montes de esta Sierra que se funden con los de la Sierra de Francia: La Palla y el Valle de Valero con el Corazón de la Quilama, formación Pétrea con forma de un enorme corazón que popularmente le da su nombre. Por este camino, en un viaje en el tiempo, bien que habitaban estas montañas; o las patrullas romanas escoltando los carros cargados del oro de Las Cavenes; o los soldados de Don Rodrigo, defendiendo el último reducto visigodo de la Península; o los carros de cal morena que, provenientes de La Calería, buscaban el puente de Rando camino de Béjar, o los soldados heridos de la batalla de Tamales entre las tropas francesas y el ejército anglo-hispano.

Un poco más adelante tenemos, a la izquierda, el camino que nos lleva al Porrejón, desde donde se contemplan unas espectaculares vistas. Comenzamos una leve bajada con castaños a ambos lados del camino, testigos de la actividad humana para su aprovechamiento a lo largo de la historia. Nos acompaña de nuevo el monte bajo hasta el final de la nidificación (de febrero a agosto). De la pista parte un camino que se adentra en un frondoso bosque de coscoja, encinas y carrascos, pasando junto a una Choza de Pastor propia de la zona, ejemplo de la importancia del pastoreo de cabras en San Miguel.

ESPACIOS DE PLENITUD Y MAGIA

Cuando se abre el bosque a la derecha se ven los inmensos canchales que ocupan la ladera de la montaña, viéndose perfectamente a lo lejos, el pico de Castil de Cabras. Seguimos bajando la ladera en zig-zag hasta llegar al corral de cabras y la pequeña chivitera anexa, recientemente reconstruidos y rehabilitados como testigos del patrimonio rural ligado a la actividad pastoril. Aquí pastaban hasta hace pocos años grandes rebaños de cabras. Más allá, en el nacimiento del Quilamas, se encuentra el lugar reservado para las machorras, las cabras no preñadas.

Tras el corral dejamos el bosque atrás y atravesamos el canchal de piedra por el camino que lo atraviesa de parte a parte. Seguimos el sendero hasta encontrar el Arroyo de Castidecabras, tributario de los ríos Quilamas y Alagón, que bien podría ser considerado como "río" por la gran aportación de agua cristalina que supera con su caudal a la de sus receptores, incluso en las mayores épocas de sequía.

Al cruzar el río pasamos por la vegetación propia de ribera con los alisos característicos y otras especies de sauces y mimbreras. Proseguimos el sendero ascendente por la parte derecha del Monte de Castil de cabras. Por el camino encontramos pasto y otras zonas con jara, escobas y matorral diverso donde se han encontrado los restos de varios asentamientos humanos del Paleolítico Medio. Llegando a la cima la vista es impresionante, con el Pico Cervero al norte y a la derecha el Castillo, Las Palomas, el valle del Quilamas y la Sierra de Béjar... Allí respiraremos profundo, inundados con una inmensa sensación de plenitud y de la magia de este lugar que bien merece nuestra admiración y respeto.